jueves

Los siete locos

El tiempo que se escapa. Eso. Eso. Y todos que se dejan estar caídos como bolsas. Nadie que quiera volar. ¿Cómo convencerlos a esos burros de que tienen que volar? Y sin embargo, la vida es otra. Otra como ellos no la conciben tan siquiera. El alma como un océano agitándose dentro de setenta kilos de carne. Y la misma carne que quiere volar. todo en nosotros está deseando subir hasta las nubes, hacer reales los países de las nubes... pero ¿cómo?... Siempre aparece este y yo... yo aquí, sufriendo por ellos, queríendoles como si los hubiera parido, porque los quiero a estos hombres... a todos los quiero. Están encima de la tierra porque sí, cuando debían estar de otro modo. Y sin embargo los quiero. Lo estoy sintiendo ahora. Quiero a la humanidad. Los quiero a todos como si todos estuvieran atados a mi corazón con un hilo fino. Y por ese hilo se llevan mi sangre, mi vida, y sin embargo, a pesar de todo, hay tanta vida en mí, que quisiera que fueran muchos millones más para quererlos más aún y regalarles mi vida. Sí, regalársela como un cigarrillo. Ahora me explico el Cristo. ¡Cuánto debió quererla a la humanidad! Y sin embargo soy feo. Mi enorme cara ancha es fea. Y sin embargo debiera ser lindo, lindo como un dios. Pero mi oreja es como un repollo y mi nariz como un tremendo hueso fracturado de un puñetazo. Pero qué importa eso. Soy hombre y basta. Y necesito conquistar. Es todo. Y no daría uno solo de mis pensamientos a cambio del amor de la más linda mujer.