AY AMOR DIVINO
lunes
Aquellas figuras bailarinas
Cerrando los ojos, medito. Siento el gentil calor del sol en mis párpado que viene y se va, tratando audazmente de atravesar aquellos pequeños huecos que dejan las indefensas hojas. Puedo imaginarme aquellas hojas como prisioneros, prisioneros de esos grandes árboles. Y el viento, su libertador, que tira y tira de ellas con el afán de salvarlas.
Pero son meros pensamientos. Abro los ojos y coloco suavemente mis manos detrás de la cabeza. Frescura. Esa es la palabra. Siento debajo de mí el frío y a la vez amable tacto del pasto, que me mantiene fresco, vivo. Me causa curiosidad, lo observo. Sereno y verde. Creo que nunca en mi vida vi un verde tan intenso, tan puro. Y aquel olor a limpieza, a inocencia, me remota a lejanos tiempos de verano, cuando mi joven padre recortaba con esmero cada segmento de nuestro humilde parque. Recuerdo el sonido de aquella inmensa y monstruosa máquina destructora. Aturde mis pensamientos en contraposición a esta pacífica colina. Quizás ese sonido sea el que me hace sentir diminuto, inmóvil, inservible. Sólo brisa, viento y yo. Pero ella tan imponente y yo un ser parlante que a pesar de la inmensa cantidad de sonidos que puedo producir, no me puedo enfrentar al mundo con esa seguridad y esa violencia característica de sus soplidos.
Sopló tan fuerte esta vez, que hasta el pasto danzó. De repente me incorporo, todo mi entorno cambia. Pareciera como si la naturaleza se hubiese puesto de acuerdo para demostrarme su fortaleza su inmenso poder. El sol pasando a través de las delirantes hojas gritando socorro, proyectando en el ambiente un enloquecido juego de luces y sombras. Abro más los ojos asombrado, observando aquellas figuras bailarinas que corren por el aire, el pasto, los árboles; despertándolos de aquel inmóvil sueño. Se desperezan y estiran moviendo sus ramas en miles de direcciones. Y el viento, sin piedad, golpea mi cuerpo que ofrece resistencia, que no desea bailar.
Pero sé que no hay escapatoria. Tarde o temprano voy a tener que entregarme a ese diabólico festejo, a ese jugoso festín brindado por la naturaleza.
jueves
Sobre héroes y tumbas
Alejandra lo miró asombrada porque Martín todavía tuviese ánimo para reírse. Pero al verle las lágrimas seguramente comprendió que aquello que había estado oyendo no era risa sino ese raro sonido que en ciertos seres humanos se produce en ocasiones muy insólitas y que, acaso por precariedad de la lengua, uno se empeña en clasificar como risa o como llanto; porque es el resultado de una combinación monstruosa de hechos suficientemente dolorosos como para producir el llanto (y aun el desconsolado llanto) y de acontecimientos lo bastante grotescos como para querer transformarlo en risa. Resultando así una especie de manifestación híbrida y terrible, acaso la más terrible que un ser humano pueda dar; y quizá la más difícil de consolar, por la intrincada mezcla que la provoca.
lunes
sábado
lunes
Tengo miedo. Miedo en el interior. Miedo a herir. Miedo a crear una revolución solo con una simple palabra. Miedo a no poder superar mi miedo. Miedo a planificar en mi mente y después quedarme muda.
Miedo representado de la forma más absurda.
Pero real, un miedo real; porque después de todo "ex absurdo sequitur quodlibet"
domingo
Sobre héroes y tumbas
Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza. Además, ¿sabemos acaso lo que es la verdad? Si yo digo que aquel trozo de ventana es azul, digo una verdad. Pero es una verdad parcial, y por lo tanto una especie de mentira. Porque ese trozo de ventana no está solo, está en una casa, en una ciudad, en un paisaje. Está rodeado del gris de ese muro de cemento, del azul claro de este cielo, de aquellas nubes alargadas, de infinitas cosas más. Y si no digo todo, absolutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible, aun en este caso de la ventana, de un simple trozo de la realidad física, de la simple realidad física. La realidad es infinita y además infinitamente matizada, y si me olvido de un solo matiz, ya estoy mintiendo. Ahora imagínese lo que es la realidad de los seres humanos con sus complicaciones y recovecos, contradicciones y además cambiantes. Porque cambia a cada instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos, acaso, siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio el ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación.
martes
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