miércoles
lunes
Gracias por el fuego
Creo que tenés derecho a sentirte pleno; te confieso que para mí ha sido toda una crisis; pero de pronto vi claro, vi que la muerte se está vengando siempre de nuestras vacilaciones; nuestra vida se compone de tres etapas: vacilar, vacilar y morir; la muerte, en cambio, no vacila frente a nosotros; nos mata y se acabó; y el gran espía, la formidable quinta columna que ha instalado la muerte en nosotros, se llama el escrúpulo; ya sé, yo tengo escrúpulos; vos también, entendéme que no estoy contra el escrúpulo; pero es la quinta columna de la muerte; porque gracias al escrúpulo, vacilamos, y se nos pasa el tiempo de gozar, de gozar ese minuto feliz que, como gracia especial, fue incluido en nuestro programa; nos pasamos toda la vida soñando con deseos incumplidos, recordando cicatrices, construyendo artificial y mentirosamente lo que pudimos haber sido; constantemente estamos engañando y engañándonos; cada vez somos menos verdaderos, más hipócritas; cada vez tenemos más vergüenza de nuestra verdad; por qué entonces no puedo hacer posible tu minuto feliz; además tengo curiosidad, lo reconozco, por saber si no podrá ser también mi propio minuto feliz; a lo mejor es el de ambos; quiero decir que no tenemos que darle ventajas a la muerte, porque ella no nos hace la mínima concesión; después que estés muerto y yo muerta, ya no habrá posible retroceso, no será posible volver a este instante en que vos me deseás desesperadamente y yo soy todavía dueña de mi decisión; esta mañana, cuando llegué a este planteo, no pude menos que reírme; ¿cómo podemos ser tan torpes que hasta ahora le hayamos estado ofreciendo a la muerte esta ventaja gratuita del escrúpulo?; ¿no te parece que es más o menos como si el condenado a la silla eléctrica se encargara personalmente de comprobar la perfección de los contactos, la buena calidad de los cables?
domingo
Gracias por el fuego
Mientras se trata sólo de pensamiento, de un simple juego mental, entonces me siento con ánimo, tengo la impresión de que voy a decidirme, de que voy a pegar el salto, pero cuando llega el momento de crear los hechos y afrontar su responsabilidad, entonces me entra un miedo irracional, un pánico similar al que me asaltaba de chico, cuando las mostas que yo convertía en monstruos, o cuando la vaca brava, o a los veinte, cuando el tren con su ojo de cúclope, o a los veinticuatro, cuando el ómnibus me hizo volar. No sé exactamente si es miedo a la miseria, a la inseguridad o al desprecio de los otros. Tal vez sea menos digno que todo eso. Tal vez sea simplemente miedo a la incomodidad, a la falta de confort. Porque cuando pienso que mi vida es gris, tediosa y rutinaria, no se me escapa que la rutina incluye una serie de cosas insignificantes, pero agradables, Si yo fuera un hombre genial, o poderoso, o simplemente enamorado, tales cosas no tendrían importancia, porque lo importante sería mi obra de arte, o el ejercicio de mi poder, o la plenitud de mi amor, pero como no es ése mi caso, las cosas insignificantes, pero agradables, pasan a ser estímulos de primer grado.
martes
lunes
Gracias por el fuego
Todos tenemos que morir, pero lo horrible es saber cuándo acabará la cosa. Aunque la fecha de mi fin estuviera ya resuelta para dentro de cuarenta años, a mí no me gustaría saberla. Debe ser espantosa esa sensación de que uno está gastando minutos, de que uno se está acercando irremediablemente a una fecha fija, determinada. ¿Qué se sentirá cuando se tiene absoluta seguridad de la condena? Quizá se tenga la sensación de que el tiempo comienza a transcurrir a una velocidad vertiginosa, de que uno cierra los ojos por un instante y cuando los abre ya ha pasado medio día. Debe ser algo así como ir en un cuestabajo, en un auto sin frenos.
domingo
Garabatos
Impaciente. Es impresionante como se puede sentir la tensión en el aire. Como si mi piel pudiera sentir la piel del otro. Tantas cosas por decir. Tantas cosas que hacer. Tan poco tiempo. Tantas palabras. Muchas palabras y muy pocas de ellas tienen sentido para mí. Mis ojos miran, pero mi cerebro no analiza. Es como ver muchos garabatos. Familiares. Pero sin lógica.
Todo me parece ordinario, conocido. Ya pasé por esto, ¿no es así? No. Todavía me queda este día por vivir. No recuerdo haber escrito esa fecha sobre el papel. ¿Será acaso la monotonía propia de la vida, mi vida?
Siempre las mismas problemáticas. Las mismas ideas en la cabeza. Hago muchas cosas. Rápida y eficientemente. Pero ninguna útil.
Quiero que sea mañana, porque no quiero que sea hoy. Pero si hoy fuese mañana, ¿hubiese cumplido con todas mis obligaciones ayer? Creo que no. Mejor me quedo donde estoy y suplico terminar rápido este fastidioso deber.
Todo me parece ordinario, conocido. Ya pasé por esto, ¿no es así? No. Todavía me queda este día por vivir. No recuerdo haber escrito esa fecha sobre el papel. ¿Será acaso la monotonía propia de la vida, mi vida?
Siempre las mismas problemáticas. Las mismas ideas en la cabeza. Hago muchas cosas. Rápida y eficientemente. Pero ninguna útil.
Quiero que sea mañana, porque no quiero que sea hoy. Pero si hoy fuese mañana, ¿hubiese cumplido con todas mis obligaciones ayer? Creo que no. Mejor me quedo donde estoy y suplico terminar rápido este fastidioso deber.
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