domingo

Hoy lloré poco, pero lo suficiente como para desahogarme de algunas penas. Ese llanto fue como un vómito, repentino pero esperado. Sentí como una vorágine de pensamientos oscuros se apresuraban para salir expulsados, entonces busqué refugio; un lugar donde pudiera depurar mi cuerpo sin interrupciones, donde pudiera llorar por largos minutos, buscando en mi mente razones y más argumentos para continuar con ese tan satisfactorio ritual.
Admito que se me acaban rápidamente los pensamientos negativos y se acorta el proceso, pero eso no modifica en lo absoluto el resultado: una mente refinada y lista para volver a sufrir. Porque después de todo de eso se trata, de ser feliz, pero sin nunca dejar de sufrir. 
Porque, ¿cómo conocer la dicha sin conocer la dolencia?


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