Cerrando los ojos, medito. Siento el gentil calor del sol en mis párpado que viene y se va, tratando audazmente de atravesar aquellos pequeños huecos que dejan las indefensas hojas. Puedo imaginarme aquellas hojas como prisioneros, prisioneros de esos grandes árboles. Y el viento, su libertador, que tira y tira de ellas con el afán de salvarlas.
Pero son meros pensamientos. Abro los ojos y coloco suavemente mis manos detrás de la cabeza. Frescura. Esa es la palabra. Siento debajo de mí el frío y a la vez amable tacto del pasto, que me mantiene fresco, vivo. Me causa curiosidad, lo observo. Sereno y verde. Creo que nunca en mi vida vi un verde tan intenso, tan puro. Y aquel olor a limpieza, a inocencia, me remota a lejanos tiempos de verano, cuando mi joven padre recortaba con esmero cada segmento de nuestro humilde parque. Recuerdo el sonido de aquella inmensa y monstruosa máquina destructora. Aturde mis pensamientos en contraposición a esta pacífica colina. Quizás ese sonido sea el que me hace sentir diminuto, inmóvil, inservible. Sólo brisa, viento y yo. Pero ella tan imponente y yo un ser parlante que a pesar de la inmensa cantidad de sonidos que puedo producir, no me puedo enfrentar al mundo con esa seguridad y esa violencia característica de sus soplidos.
Sopló tan fuerte esta vez, que hasta el pasto danzó. De repente me incorporo, todo mi entorno cambia. Pareciera como si la naturaleza se hubiese puesto de acuerdo para demostrarme su fortaleza su inmenso poder. El sol pasando a través de las delirantes hojas gritando socorro, proyectando en el ambiente un enloquecido juego de luces y sombras. Abro más los ojos asombrado, observando aquellas figuras bailarinas que corren por el aire, el pasto, los árboles; despertándolos de aquel inmóvil sueño. Se desperezan y estiran moviendo sus ramas en miles de direcciones. Y el viento, sin piedad, golpea mi cuerpo que ofrece resistencia, que no desea bailar.
Pero sé que no hay escapatoria. Tarde o temprano voy a tener que entregarme a ese diabólico festejo, a ese jugoso festín brindado por la naturaleza.
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