Wakefield abandona su hogar durante veinte años. Al leer esto la primera pregunta que aparece en la mente es “¿Por qué?”. Bueno, esto podría preguntarse alguien que no haya conocido a Wakefield; pero yo no.
Cada vez que mencionan su nombre: “Wakefield”, con aquella musicalidad propia que posee, aparece ante mi retina su imagen. Dirían que esto es normal, que a todos nos sucede igual; lo que ustedes no conocen es cuál es el Wakefield que se me presenta. A este singular personaje lo conozco desde que se me cayeron los dientes de leche y fue un día de lluvia cuando él encontró un objeto perdido que le cambió la vida. Encontró, por así decirlo, la vida de otro que nunca sabremos quién es. Este Wakefield indefenso, inmaduro y curioso es el que me saluda cada vez que lo escucho nombrar.
Ese día estábamos Wakefield y yo jugando en un parque a unas cuadras de nuestras casas. Entre corridas, idas y venidas, recuerdo haber pateado lo que parecía ser un cuaderno viejo. Él me reta enérgicamente y lo levanta del suelo. Era un diario perdido, de alguna persona con algún trastorno obsesivo a mi parecer, que escribió en él desde los 6 hasta los 39 años de su vida. Comenzamos a leerlo juntos, pero me aburrí rápidamente y volví a mi casa.
Pasaron años de aquél extraño suceso que yo creía olvidado, pero Wakefield no. Descubrí en mi amigo una obsesión ciega con ese diario y su personaje. Lo interrogué, y fue en aquél momento cuando descubrí el problema mayor: Wakefield vivía a través de aquél diario. Cada día leía una página de él, que correspondía con un día de su vida; crecía con él, pasaba las semanas, los meses y los años con el relato de una vida paralela.
Con toda sinceridad, nunca me preocupé demasiado por aquel comportamiento, creí que el tiempo iba a hacer que él solo dejara de lado aquella historia ajena; y así lo demostró. Wakefield se casó con una señorita encantadora, en una ceremonia emotiva y así pasaron los años sin rastro del diario… hasta el día de su desaparición. La señora Wakefield me llamó a casa desesperada, diciéndome que él nunca había vuelto de su viaje. Nadie sabía cómo, ni porqué, ni a dónde había ido; todos esperábamos lo peor.
En retrospectiva, creo que debería haberme dado cuenta. Wakefield nunca se había alejado de aquella ponzoñosa obsesión. Como dije antes, él vivía a través del diario, pero ¿qué iba a pasar cuando las páginas llegaran al año 39? Ese fue el día cuando este misterioso personaje desapareció. Vivió durante 20 años escribiendo la vida de este segundo hombre, incansablemente. Creó sus sentimientos, sus errores y sus aciertos; después de todo, conocía la vida de esta otra personalidad casi un tanto más que la suya. Wakefield vivió en pos de ese otro yo, descuidando su propia vida; se olvidaba de comer, de dormir y así, de su propia familia y amigos.
¿Acaso se preguntan por qué volvió Wakefield a su hogar? El personaje del diario sufría de una grave insuficiencia cardíaca y una noche de domingo su mujer lo encontró muerto, tirado en el escritorio donde todos los días escribía su diario.
Basado en el cuento Wakefield de Nathaniel Hawthorne.
Que lindas las cosas que escribís, Milagros. Son casi tan lindas como vos.
ResponderEliminarLlegué acá de casualidad y no puedo parar de leer tus historias. Por favor, seguí haciendolo.
Un beso,
Martín.
Muchas gracias! (Aunque debo admitir que me da intriga cómo llegaste hasta acá y quién sos.)
EliminarMirando distintos blogs vine a parar acá. Recién ahora me acordé del tuyo y acabo de ver tu respuesta.
EliminarYo toco el piano desde hace tiempo. Te dejo el link si te interesa escuchar algunas de las composiciones que hago. (Y de paso dejo de ser un anónimo)
Seguí escribiendo que está muy bueno lo que hacés! Espero tus comentarios por allá.
Un beso.
Mirando distintos blogs vine a parar acá. Recién ahora me acordé del tuyo y acabo de ver tu respuesta.
ResponderEliminarYo toco el piano desde hace tiempo. Te dejo el link si te interesa escuchar algunas de las composiciones que hago. (Y de paso dejo de ser un anónimo)
Seguí escribiendo que está muy bueno lo que hacés! Espero tus comentarios por allá.
Un beso.
Pero.. no me dejaste ningún link...
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