En realidad no es fácil. Si cada ser humano supiera qué debe hacer, no existiría la duda ni el desconcierto. Pero es propio de la naturaleza humana, lo desconocido nos inspira misterio y el misterio nos da ganas de seguir. ¿O acaso nos gustaría saber el día de nuestra muerte con antelación, si eso fuera posible?
El hecho de tener presente que cada momento podría ser el último, genera ese peso necesario para vivir en la realidad, con los pies sobre la tierra.
Siempre hay un fin, lo que no significa que no valga la pena el trayecto.
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