domingo
Gracias por el fuego
Mientras se trata sólo de pensamiento, de un simple juego mental, entonces me siento con ánimo, tengo la impresión de que voy a decidirme, de que voy a pegar el salto, pero cuando llega el momento de crear los hechos y afrontar su responsabilidad, entonces me entra un miedo irracional, un pánico similar al que me asaltaba de chico, cuando las mostas que yo convertía en monstruos, o cuando la vaca brava, o a los veinte, cuando el tren con su ojo de cúclope, o a los veinticuatro, cuando el ómnibus me hizo volar. No sé exactamente si es miedo a la miseria, a la inseguridad o al desprecio de los otros. Tal vez sea menos digno que todo eso. Tal vez sea simplemente miedo a la incomodidad, a la falta de confort. Porque cuando pienso que mi vida es gris, tediosa y rutinaria, no se me escapa que la rutina incluye una serie de cosas insignificantes, pero agradables, Si yo fuera un hombre genial, o poderoso, o simplemente enamorado, tales cosas no tendrían importancia, porque lo importante sería mi obra de arte, o el ejercicio de mi poder, o la plenitud de mi amor, pero como no es ése mi caso, las cosas insignificantes, pero agradables, pasan a ser estímulos de primer grado.
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