sábado

¿Quién soy? ¿Ella o yo?

     Es impresionante cómo la realidad se construye de maneras desfiguradas en nuestra mente; incluso las imágenes que tenemos de nosotros mismos. Lo que nosotros somos difiere mucho del liliputiense que vive en nuestras cabezas. Así, es como un día ambos se encuentran cara a cara y se espantan de sus diferencias.
     Mírense, mirémonos. Observemos nuestras figuras en el espejo, analicemos nuestros actos. ¿Nunca se encontraron teniendo una actitud que jamás hubiesen esperado de ustedes mismos? ¿Y no se odiaron por eso? ¿Nunca pensaron que todo lo que detestan de otras personas lo pueden estar haciendo ustedes? ¿Nunca se vieron incapaces de hacer cosas que se creían capaces de hacer? 
     Creo que no existe dolor más grande que ese: abrir los ojos y conocer el verdadero yo. Ese yo que nuestra mente reprime por ser demasiado doloroso, demasiado oscuro para que lo conozcamos desde el primer día de nuestras vidas; pero que en un momento determinado debemos conocer.
     Ese momento de puro autoconocimiento es como el golpe de una fruta madura que cae al suelo, es doloroso, inesperado y aterrador. Puede que nuestras miradas se llenen de lágrimas y nuestro cuerpo se agarrote ante la mínima posibilidad de movimiento, estáticos ante ese nuevo ser que se planta en nuestro interior.
     Aprendamos de eso, miremos a los ojos a nuestro nuevo yo y nutrámonos de sus carencias y de sus virtudes. Mirémoslo a los ojos con dulzura, porque después de todo esos seres desconocidos somos nosotros mismos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario