Imaginate solo, parado en una carretera desolada. Por alguna razón que desconocés, empezás a correr. Vas a una velocidad inimaginable; pero no te sentís cansado ni agobiado.
Comienzan a aparecer obstáculos, pruebas que aquel camino te da. Instinto es lo único que puede salvarte, no hay tiempo de pensar, calcular o razonar. Dependés de tus reflejos, de tu propia naturaleza.
Luego de un largo trayecto, te detenés bruscamente. Girás la cabeza por sobre tu hombro, tratando de ver lo que recorriste. No podés identificar tu actos, todo aquello que hiciste, te parece ilógico e incoherente estando a velocidad cero. Sólo errores, ni un acierto.
Sin embargo decidís no volver a transitar tus pasos, sabés que ya nada podés cambiar. Tu única certeza, es que procurarás no volver nunca a cometer el mismo error.
Procurarás pensar en velocidad cero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario