Lo miro y es igual que mirarme en un espejo. Genz y yo siempre al abrigo del pecado. Codo con codo, el frágil siamés consulta con atención un manual de estrategia. Corazones valientes, alma pura. ¿Quién soy yo para esconderme? Repentina tranquilidad bajo las luces del verano que muere. En medio de la noche me levanto, desnudo, y en silencio hurgo entre sus papeles: espero que escriba la verdad y encuentro frases, blandas mentiras. Nadie es capaz de escribir la verdad.
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