El sol le molestaba. Estaba cayendo, y al pegar en las ventanillas polvorientas le impedía ver al exterior. Viendo solo mugre. Eran esos los momentos en los que se dedicaba a recordar.
Era algo recurrente, recordar. Sobre todo en aquella época del mes. Mientras se ajustaba el tapado, su mente viajaba en el tiempo. Se situaba en momentos felices, quizás mejores. Era en aquél instante en el que su corazón comenzaba a latir más fuerte. Cerraba los ojos y recordaba, con exactitud, con esmero. Era muy fácil para ella, su carácter observador la ayudaba a fijar cada pequeño detalle.
Tan vívidos recuerdos, le hacían sonreír en silencio.
Con vergüenza miraba a su alrededor, nadie se fijaba en ella. Nadie se había percatado de aquella sonrisa melancólica y escondida.
El sol había dejado de pegar en la ventanilla, la gente caminaba con ese incesante apuro de ciudad. Y ella observaba sus actitudes, sus reflejos, su actuar.

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