"Quién sabe, a lo mejor puedo enloquecer. A lo mejor si me miro al espejo fijamente, abriendo bien los ojos y apretando bien los labios hasta lograr una perplejidad desproporcionada a mis orejas, a mi boca, a mi nariz, a mis cejas; a lo mejor puedo así inundarme de un zumbido interior que me impida escuchar la letanía de los pésames, las maldiciones de Hugo, aquella radio que aturde..."
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