domingo

Gracias por el fuego

Si toda una nación, una grande y tremenda nación, halla dificultades insalvables para ser coherente consigo misma, para obedecer a su propia historia, para seguir la línea que ella misma se ha trazado, ¿cómo puedo pretender yo, insignificante laucha de una ratonera de undécima categoría, cómo puedo pretender ser coherente conmigo mismo, obedecer a mi propia historia, seguir la línea que yo mismo me he trazado? Y eso, en el caso de que me haya trazado alguna línea, cosa de la que aún no estoy muy seguro.
Una monja, por ejemplo, o un gángster, ésa es gente que se traza una línea, gente que elige un destino. Dios es la ametralladora de la monja. La ametralladora es el dios del gángster.

No hay comentarios:

Publicar un comentario